Poder geopolítico del capital humano cubano.
La
geografía ayuda a comprender las posibilidades y limitaciones de un territorio
y, a partir de los recursos que posee, se puede determinar cuál podría ser su
devenir. De igual manera, el comportamiento de sus mercados sobre los bienes
comercializados puede señalar su rumbo. El Caribe dominicano comparte
atractivos comunes con los demás países del Caribe. Las ventajas comparativas
se encuentran en todos los diseños de las estrategias basadas en el escenario
actual regional, pero eso no es para siempre.
El estado
de situación de Cuba es coyuntural; existe la posibilidad de que pueda variar,
lo que significa que esta variable necesariamente tiene que estar incluida en
cualquier análisis del turismo regional: no por lo que es ahora, sino por lo
que puede convertirse en el futuro inmediato. El hecho de que no esté entre los
destinos de turismo de salud y bienestar no quiere decir que no lo sea mañana.
Dado que el
turismo de salud y bienestar es uno de los segmentos de mayor crecimiento
mundial y que la demanda internacional de servicios médicos continuará
expandiéndose. En ese sentido, Cuba cuenta con una variable estratégica que le
sitúa por encima de la República Dominicana: su capital humano.
Al comparar
sus potencialidades en el ámbito de la salud, si explota su capacidad de
integrar su capital humano especializado, la innovación médica e
infraestructura turística con conectividad internacional, en poco tiempo podrá
convertirse en un destino competitivo en la región.
Una anomalía geopolítica en el Caribe
Independientemente
de que tenga acceso limitado a recursos naturales, más de seis décadas de
bloqueo económico y restricción financiera internacional, en cambio, el futuro
previsible de la República de Cuba está sustentado por haber desarrollado un
activo estratégico valioso, su inversión en lo que ningún embargo puede aislar:
el capital humano.
La isla
posee una tasa de alfabetización de 99.67 %, según la UNESCO, un sistema
educativo universal y gratuito desde la educación básica hasta el posgrado, y
una de las mayores proporciones de médicos por habitante del mundo. Más que
indicadores sociales, estos factores manifiestan una acumulación de poder
geopolítico invaluable: conocimiento, formación profesional y capacidad
científica, bienes diferenciadores que no se corresponden con una nación en
esas condiciones política, social y económica.
La ventaja que sobrevive a las crisis
Mientras la gran parte del Caribe depende del turismo y de servicios de
bajo valor agregado, el Caribe cubano por décadas ha construido unas
capacidades que pocos países de la región poseen. Su infraestructura
científica, la formación de profesionales de la salud y su industria
biotecnológica constituyen capitales estratégicos que trascienden cualquier
coyuntura política.
Por ejemplo, sus medicamentos especializados ya tienen presencia en
mercados internacionales, así como la Escuela Latinoamericana de Medicina
(ELAM) es una institución de formación de acreditación internacional que ha
graduado a miles de profesionales de múltiples países, bien valorada por su
medicina comunitaria, preventiva y la solidez de la formación humana. Esa
capacidad productiva no desaparece con una transición política y económica;
permanece anclada en instituciones, conocimiento acumulado y en su fuerza
laboral. Una ventaja competitiva en el Caribe.
Cuando cambie el mapa regional del turismo de salud
Cuando la
competencia cambie de naturaleza. La pregunta para República Dominicana
y el resto del Caribe no es si Cuba superará su crisis actual, sino cómo
impactará la región cuando llegue a ese nicho. Un mercado de 11 millones de
habitantes, combinado con capacidades en biotecnología y servicios médicos,
podría pasar a ser un nuevo polo para entrar en el flujo del capital
internacional.
Este
momento, RD atrae a más de 300,000 pacientes internacionales al año, movidos
por la relación calidad-precio. Hoy los especialistas en salud y bienestar
atienden a miles de pacientes que genera, mueve millones de pesos cada año, una
motivación que está incidiendo en el sector privado para su expansión en
infraestructura médica más allá de ciudades como Santo Domingo, Santiago y
Verón Punta Cana.
Estos
turistas, que de acuerdo con su perfil como paciente y rentabilidad optan por
los centros médicos de RD antes que por los del Caribe cubano lo hacen por la
actual circunstancia. Una Cuba con mayor inversión extranjera, conectividad
aérea normalizada con Estados Unidos y acceso pleno al mercado turístico
norteamericano por sus ventajas comparativas competiría directamente por
visitantes, inversiones hoteleras y proyectos vinculados al turismo de salud y
bienestar, mantenerse y afianzarse en el mercado.
El turismo médico como campo de batalla
La
competencia será especialmente visible en el segmento médico del flujo
turístico internacional. Su crecimiento sostenido por el natural envejecimiento
poblacional, los altos costos de salud en países desarrollados y la búsqueda de
tratamientos más accesibles lo hacen estratégicamente rentable.
Sin
importar el desenlace de Cuba, en la próxima década, el turismo global de salud
y bienes supone que dejará de ser una simple subactividad del turismo para
transformarse en una fuente de presión competitiva en la región; se espera que
su crecimiento anual compuesto (CAGR) supere el 8%. Esas estimaciones inciden
en que cualquier nación del Caribe aspire a tener acceso a ese mercado.
El Caribe dominicano
goza de las ventajas de conectividad, de una infraestructura turística y de un
posicionamiento internacional competitivo; sin embargo, en poco tiempo, con la
inversión adecuada, Cuba puede integrar una red de hospitales, hoteles,
transporte, seguros y servicios complementarios que, con una estrategia de
comercialización adecuada operada por sus impulsores, podría convertirse
en una fuente de presión competitiva para varios países del Caribe.
De modo que
los esfuerzos estarán dirigidos a recibir más turismo e inversión directa
extranjera. No se puede ignorar que Cuba ya cuenta con un activo difícil de
replicar en el corto plazo, un servicio público orientado a la salud; eso
significa que fácilmente los podrá certificar y estandarizar para generar más
confianza entre los pacientes y los sistemas médicos globales.
Si en este
momento el turismo de salud y bienestar genera a República Dominicana más de
US$1,300 millones al año, conforme a estimaciones de la Asociación Dominicana
de Turismo de Salud (ADTS), el desafío no consiste en beneficiarse de las
dificultades cubanas. La verdadera tarea del sector privado es continuar
fortaleciendo sus recursos humanos, como aumentando la capacidad en la
formación especializada, aunada con la innovación y actividades económicas de
mayor valor agregado.
El capital
humano es poder geopolítico. Cuba lo ha demostrado durante décadas. La pregunta
es si el resto del Caribe está construyendo el suyo antes de que la próxima
etapa de competencia regional redefina los flujos de inversión, turismo e
influencia económica.