El reto de planificar a Verón
El Plan Municipal
de Ordenamiento Territorial (PMOT) presentado a Verón-Punta Cana no llega a
ordenar un territorio virgen. Llega a este distrito con una mancha urbana que
había marchado a razón de 1.28 km² por año durante la última década. Como un
colador que atrapa el desorden y da paso al orden. El desafío no es únicamente
definir dónde construir y qué conservar, sino gestionar los conflictos que
surgen como costo de la expansión territorial desbordada y sin planificación.
Con
apenas 484.44 kilómetros cuadrados, equivalentes al 0.99 % del territorio del
país, Verón–Punta Cana concentra más del 60 % de las llegadas aéreas
internacionales y su aporte se estima cerca del 7 % del PIB. La paradoja es
evidente: un territorio diminuto sostiene una parte significativa de la
economía nacional, pero durante décadas avanzó sin una brújula que orientara su
desarrollo.
El
diagnóstico del PMOT avalado por el X Censo Nacional de Población y Vivienda
2022 confirma que Verón-Punta Cana creció más rápido que su capacidad para
ordenarse. Rápida expansión, pero sin dirección. Entre 2012 y 2022, la
población pasó de 43,982 a 138,919 habitantes, un incremento superior al 215 %.
Y que la ocupación de suelo se amplió en 24.7 km² —evidencia concreta
de cuando el crecimiento del ordenamiento territorial no corre a la misma
velocidad.
Esa
transformación respondió al dinamismo de la inversión en turismo y desarrollo
inmobiliario, pero no evolucionó en orden y regulaciones de las viviendas,
infraestructura, servicios públicos y protección ambiental. Estamos en un punto
de repensar la densidad y altura en Verón–Punta Cana. ¿Crecer hacia arriba para
preservar abajo o a la misma altura y ritmo de expansión?
El
marco de actuación sugiere una nueva arquitectura territorial. Del total del
distrito, el 55 % queda destinado a conservación ambiental, el 30 % corresponde
a suelo urbano consolidado y el 15 % se reserva para futuras áreas de
expansión. Lo que significa que el desarrollo ya no podrá avanzar sin límites
sobre los ecosistemas que sostienen la competitividad del destino turístico.
Sin embargo, la
verdadera prueba comienza donde terminan los mapas. El PMOT no es parte de un
territorio vacío, sino de una comunidad plenamente operativa. Por ejemplo, el
propio análisis identifica 12.38 km² de áreas protegidas y 2.77 de franjas de
protección hídrica que ya tienen ocupaciones residenciales, comerciales,
turísticas y agropecuarias. El desafío formidable no consiste únicamente en
planificar el futuro, sino en administrar las consecuencias de las decisiones
tomadas durante décadas sin un instrumento rector.
En
este momento de tensión territorial. La discusión no gira solo en torno a si el
15 % reservado para expansión urbana será suficiente para absorber la demanda
de viviendas, infraestructura y nuevas inversiones. En ese sentido, la proeza
es campear entre la conservación ambiental con la dinámica de un territorio
cuyo impulso económico está vinculado al turismo, inversión inmobiliaria, las
construcciones y los servicios. Es el momento para que los gestores del PMOT
puedan demostrar que proteger los recursos naturales no significa frenar el
desarrollo, sino garantizar que continúe siendo sostenible.
La
implementación también pondrá a prueba la capacidad institucional. Por igual,
la eficacia del eje rector de territorio está sujeta a que se cumpla lo que
está dispuesto para cada zonificación. Encarar las presiones sobre el uso del
suelo es resolver incompatibilidades derivadas de las ocupaciones consolidadas.
Ofrecer seguridad jurídica tanto a los inversionistas como a las comunidades.
Como vemos, también es un asunto de generar confianza. Esta herramienta de
ordenamiento urbano solo adquiere valor cuando sus disposiciones se convierten
en decisiones concretas y permanentes.
En
fin, el PMOT que disponemos a partir de julio marca un punto de inflexión. En
esta asimetría del desarrollo y progreso. Verón–Punta Cana, después de cinco
décadas del dinamismo acelerado, ya cuenta con un instrumento técnico para
organizar el territorio. Si la gobernanza del territorio toma el control del
desarrollo, estaremos confiados en sus resultados. Un cambio en el distrito, un
paradigma. La confirmación de que hemos pasado de crecer por inercia a hacerlo
con rumbo. Entonces será el verdadero legado del plan y la medida de su éxito.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario