Turismo sostenible: hora de actuar en RD.
El
turismo dominicano experimenta un crecimiento favorable y se espera superar los
12 millones de llegadas de turistas en 2026. No obstante, considerando su ritmo
y dinamismo, el interés ya no es solo crecer, sino hacerlo con calidad.
Salvaguardar: playas, acuíferos, arrecifes, comunidades y la calidad de vida.
Mantenerse como un destino atractivo para la inversión y el turismo. El éxito
económico que hoy lo sustenta podría perder valor si solo se consume sin
construir ventaja competitiva sostenible.
Así como otras
industrias globales, el turismo también se enfrenta al dilema: crecimiento o
sostenibilidad. Ahora bien, la sostenibilidad es "satisfacer las
necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones
futuras para satisfacer sus propias necesidades" (Informe Brundtland
1987).
Según
esas palabras, lo responsable es integrar prácticas sostenibles en cada proceso
del manejo de la actividad turística. Parámetros del desarrollo más
competitivo, innovador y resiliente. Por ejemplo, generalizar el empleo de
planes de desarrollo turístico sostenible o de ordenamiento turístico (POT),
que operen mediante criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en la
gestión empresarial. Habilitar instrumentos eficaces que equilibren el
crecimiento económico con la inclusión social y la conservación ambiental.
Como
estrategia, primó en el Foro Nacional sobre Cadenas de Valor Inclusivas y
Resilientes, como respuesta a la necesidad de impulsar prácticas para reducir
la huella ambiental del turismo y consolidar la participación de proveedores
locales.
Costa Rica marca el rumbo.
Mientras
el país consolida su liderazgo regional en más de un aspecto, Costa Rica
preside el Comité Directivo de Turismo y Sostenibilidad de ONU Turismo. Sus
pasos lo robustecen como nación. Como colectivo, actúa para mostrar que la
competitividad ya no depende solo de la promoción internacional, sino también
de la gobernanza, la innovación y la conservación ambiental. En lo que en una oportunidad
decidieron enfocarse, hoy, su reputación lo precede, como un destino avalado por
certificados de sostenibilidad que no solo está en sus campañas promocionales.
La cadena de valor es el verdadero motor.
En
junio se desarrolló el Foro Nacional sobre Cadenas de Valor Inclusivas y
Resilientes en Santo Domingo; se levantó una bandera inquietante: para ser un
hotel sostenible, no basta con que su cadena de suministro se sustente en el
mercado local. Incorporar mipymes, artesanos y las comunidades locales no es
suficiente; implica ir más allá de los empleos y los ingresos. El trayecto es
claro: fortalecer la economía local, ampliar la distribución de los beneficios
y disminuir la dependencia de proveedores externos. Como una cadena sólida y en
un bosque, cada árbol fortalece el ecosistema y la ausencia de uno debilita el
conjunto.
La sostenibilidad necesita indicadores, no discursos.
Los
resultados de la administración son los que se pueden estimar. En la agenda
nacional tienen que prevalecer los índices que nos permitan evaluar, por
ejemplo, el consumo de agua y energía, la generación de residuos, la
satisfacción de residentes y visitantes, el empleo local y la transparencia
institucional. Más que cifras, representan un número en el termómetro
dominicano que nos revela si el turismo avanza hacia un desarrollo equilibrado
o comienza a deteriorar sus propios cimientos.
Punta Cana ofrece señales alentadoras
En
este principal enclave turístico del país ya existen ejemplos concretos. El
Aeropuerto Internacional de Punta Cana es una muestra de compromiso de gestión
basado en normas y criterios internacionales ambientales, programas de
inclusión y reciclaje. Al mismo tiempo, otros proyectos empresariales como el
del Consorcio Energético Punta Cana-Macao (CEPM) fomentan redes inteligentes,
movilidad eléctrica y mayor eficiencia energética. Protocolos como CEPM Zero,
que es un eje de transición energética sostenible. Como empresa que
suministra la electricidad que impulsa la producción, los servicios y la vida
cotidiana, por haberse incorporado este programa, está incluido en el catálogo
PNUD-CONEP. Su visión de alcanzar un sistema eléctrico descarbonizado en 2030 sustentado
en energías renovables y en almacenamiento que certifica su competitividad
regional.
Como
otros gestos en inversión del país que demuestran que la sostenibilidad también
puede ser innovación empresarial. Iniciativa que sustenta la imagen pública.
Crecer sin
destruir
Entonces,
de cara a la Agenda 2030, el turismo dominicano se encuentra en un momento
puntual. Por un lado, seguir midiendo su éxito únicamente por el número de
visitantes, ingresos, inversión, empleos, ampliación de oferta hotelera, la
diversificación y la conectividad aérea, y, por otro lado, también es
importante generalizar los procedimientos de evaluación de la calidad del
crecimiento. Evidenciar a través de indicadores ambientales, sociales,
económicos e institucionales la sostenibilidad. Su valor no solo puede estar
asociado con atraer más turistas, sino con conservar los que hoy los atraen.
Como nación, enfocarnos en las mejoras objetivas, medibles y observables.
Conciliar el crecimiento económico. La capacidad de adaptación frente a crisis
económicas, sanitarias o climáticas.
Y como en el ámbito del turismo, la palabra sostenibilidad tiene otro alcance, que no es un adorno, un lujo o moda; más bien, es una oportunidad de acelerar el paso en el puente que nos conecta el crecimiento presente con la prosperidad futura.
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