El poder detrás del turismo
El turismo también
refleja las asimetrías de poder que caracterizan al mundo contemporáneo. Los
países emisores de viajeros poseen una capacidad de influencia considerable
sobre las economías receptoras.
Cualquier
cambio interno en mercados como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania,
España, Argentina rápidamente se siente en los ingresos turísticos de muchos
destinos. La recomendación a sus ciudadanos de viajar o no, la modificación de
las políticas migratorias o sus condiciones económicas impactan al receptor.
Por
ello, la dependencia excesiva de determinados mercados emisores puede
convertirse en una vulnerabilidad estratégica. Estados Unidos ejemplifica bien
este riesgo: es el principal mercado para el Caribe, aporta cerca de 17
millones de visitantes a la región. Para República Dominicana representa entre
el 39 % y el 53 % de llegadas internacionales.
La competencia por la imagen global
En
la actualidad, los estados compiten por atraer inversiones y por captar
visitantes. La reputación internacional se ha convertido en un activo
geopolítico.
La
forma de gestionar crisis, la seguridad ciudadana, la estabilidad institucional
y la calidad de la infraestructura influyen en la percepción internacional de
un destino. Contribuye a construir la imagen país. La confianza y seguridad que
un destino transmite. Cumplir con lo que ofrece y entregar exactamente lo que
se reservó y pagó, que el turista termine feliz y contento. Una nación
confiable y estable atrae turistas; en cambio, otra que transmite incertidumbre
pierde competitividad.
El
turismo, de esa manera, forma parte de lo que los especialistas denominan
“poder blando”: la capacidad de un país de proyectar atracción cultural, imagen
positiva y credibilidad, sin recurrir a la coerción o el incentivo económico
directo.
El Caribe frente a los nuevos desafíos
Para
el Caribe, donde el turismo representa una de sus principales fuentes
económicas, esta dependencia condiciona su comportamiento como región
receptora. Amenazas naturales como el cambio climático, el sargazo, las crisis
sanitarias globales, así como las tensiones geopolíticas globales, terminan
expresándose directamente en la llegada o no de sus visitantes.
Esta
zona depende de elementos que muchas veces se generan fuera de sus fronteras.
Por ello, fortalecer la resiliencia, competencia y sostenibilidad turística,
así como la incorporación de innovaciones, se han convertido en prioridades
para garantizar visitantes e inversiones y, por ende, estabilidad económica y
competitividad internacional.
Dicho
así, en definitiva, el turismo es mucho más
que una industria de servicios global. Es un espejo de la realidad
internacional. Los tráficos de pasajeros nos revelan dónde existe estabilidad,
dónde aumentan los riesgos y cómo se redistribuye el poder económico en el
mundo. Igual, observar hacia dónde viajan las personas y por qué dejan de
hacerlo nos permite comprender tendencias geopolíticas que a menudo pasan
desapercibidas. Y más en un escenario global cada vez más interconectado, los
turistas no solo visitan destinos; también dibujan el mapa cambiante del poder
y la confianza internacional.
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