jueves, 3 de septiembre de 2026

El poder detrás del turismo

El poder detrás del turismo

El turismo también refleja las asimetrías de poder que caracterizan al mundo contemporáneo. Los países emisores de viajeros poseen una capacidad de influencia considerable sobre las economías receptoras.

Cualquier cambio interno en mercados como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, España, Argentina rápidamente se siente en los ingresos turísticos de muchos destinos. La recomendación a sus ciudadanos de viajar o no, la modificación de las políticas migratorias o sus condiciones económicas impactan al receptor.

Por ello, la dependencia excesiva de determinados mercados emisores puede convertirse en una vulnerabilidad estratégica. Estados Unidos ejemplifica bien este riesgo: es el principal mercado para el Caribe, aporta cerca de 17 millones de visitantes a la región. Para República Dominicana representa entre el 39 % y el 53 % de llegadas internacionales.

La competencia por la imagen global

En la actualidad, los estados compiten por atraer inversiones y por captar visitantes. La reputación internacional se ha convertido en un activo geopolítico.

La forma de gestionar crisis, la seguridad ciudadana, la estabilidad institucional y la calidad de la infraestructura influyen en la percepción internacional de un destino. Contribuye a construir la imagen país. La confianza y seguridad que un destino transmite. Cumplir con lo que ofrece y entregar exactamente lo que se reservó y pagó, que el turista termine feliz y contento. Una nación confiable y estable atrae turistas; en cambio, otra que transmite incertidumbre pierde competitividad.

El turismo, de esa manera, forma parte de lo que los especialistas denominan “poder blando”: la capacidad de un país de proyectar atracción cultural, imagen positiva y credibilidad, sin recurrir a la coerción o el incentivo económico directo.

El Caribe frente a los nuevos desafíos

Para el Caribe, donde el turismo representa una de sus principales fuentes económicas, esta dependencia condiciona su comportamiento como región receptora. Amenazas naturales como el cambio climático, el sargazo, las crisis sanitarias globales, así como las tensiones geopolíticas globales, terminan expresándose directamente en la llegada o no de sus visitantes.

Esta zona depende de elementos que muchas veces se generan fuera de sus fronteras. Por ello, fortalecer la resiliencia, competencia y sostenibilidad turística, así como la incorporación de innovaciones, se han convertido en prioridades para garantizar visitantes e inversiones y, por ende, estabilidad económica y competitividad internacional.

Dicho así, en definitiva, el turismo es mucho más que una industria de servicios global. Es un espejo de la realidad internacional. Los tráficos de pasajeros nos revelan dónde existe estabilidad, dónde aumentan los riesgos y cómo se redistribuye el poder económico en el mundo. Igual, observar hacia dónde viajan las personas y por qué dejan de hacerlo nos permite comprender tendencias geopolíticas que a menudo pasan desapercibidas. Y más en un escenario global cada vez más interconectado, los turistas no solo visitan destinos; también dibujan el mapa cambiante del poder y la confianza internacional.

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