El caprichoso Don Pablo
Había una vez un perro llamado Don Pablo que vivía en el lujoso palacio
de los Farfán. En este palacio, Don Pablo era tratado como un verdadero rey por
la familia que lo cuidaba. Esta familia, compuesta por cinco miembros, estaba
dispuesta a hacer todo lo que estuviera a su alcance para satisfacer los deseos
de Don Pablo.
La señora de la casa se preocupaba por la salud de Don Pablo. Lo llevaba
al veterinario con regularidad, compraba su exclusiva comida en tiendas únicas
y se aseguraba de que su pelaje siempre estuviera bien arreglado.
El señor de la casa se encargaba del aspecto de Don Pablo. Compraba ropa
elegante y cómodos lugares para su descanso. Siempre quería que Don Pablo
luciera impecable.
La joven de la familia y sus hermanos desempeñan un papel vital en la
vida de Don Pablo. Coordinaban su baño, su cuidado y se aseguraban de que
estuviera contento. Don Pablo tomaba baños semanales con agua pura y jabón de
alta calidad.
Don Pablo también disfrutaba entreteniendo a los visitantes del palacio,
aunque a menudo gruñía a los invitados. Era como si les dijera: "Estoy
cansado de sus molestias; recuerden que mis sirvientes tienen mucho
trabajo".
Don Pablo tenía algunas costumbres peculiares. Hacía sus necesidades
fisiológicas dos veces al día sin preocuparse por limpiarse después. Además,
disfrutaba expulsando gases frente a su familia y visitantes, moviendo la cola
con emoción, como si esta fuera su forma de tratar a sus sirvientes.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario